Publicado el 07/06/2025 por Administrador
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Brasil, históricamente el país con mayor número de católicos en el mundo, está viviendo una revolución silenciosa en su mapa religioso. Según los datos oficiales del censo 2022, publicados por el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), el número de evangélicos continúa en aumento y ya representa al 26,9% de la población. Es decir, más de uno de cada cuatro brasileños se identifica con esta fe.
En contraste, el catolicismo —durante siglos la religión dominante— ha caído al 56,7%, su nivel más bajo registrado. La tendencia descendente es sostenida: en 2010, los católicos representaban el 65,1% de la población, y en décadas anteriores superaban el 90%. De mantenerse este ritmo, se proyecta que los evangélicos podrían superar a los católicos antes de 2040.
Este cambio refleja no solo una variación en las creencias religiosas, sino también una profunda transformación cultural, social y política en Brasil. El crecimiento evangélico ha sido impulsado por una fuerte estrategia de expansión, con iglesias presentes en prácticamente todos los barrios del país, especialmente en zonas urbanas periféricas. Su presencia en medios de comunicación, redes sociales y su capacidad de organización comunitaria les ha permitido acercarse a segmentos vulnerables de la población.
Además, el avance evangélico se ha hecho notar en la política. Cada vez es más común ver pastores que ocupan cargos legislativos o que ejercen influencia sobre decisiones gubernamentales. La llamada “bancada evangélica” en el Congreso brasileño ha crecido en número y peso, convirtiéndose en un actor clave en debates sobre educación, derechos civiles, y moral pública.
Por otro lado, también ha aumentado el número de brasileños que se declaran “sin religión”, que ahora representan el 9,3% del total, frente al 7,9% de 2010. Aunque no todos se consideran ateos o agnósticos, este grupo expresa una preferencia por formas de espiritualidad menos institucionalizadas.
Religiones afrobrasileñas como el candomblé y la umbanda, a pesar de enfrentar históricamente discriminación, han logrado cierto crecimiento y visibilidad, aunque siguen siendo minoritarias en términos demográficos.
La Iglesia Católica, por su parte, ha intentado frenar la sangría con nuevas estrategias pastorales, reformas litúrgicas y campañas sociales. Sin embargo, enfrenta dificultades para conectar con las generaciones más jóvenes y competir con el dinamismo y cercanía de las iglesias evangélicas.
Este nuevo panorama plantea interrogantes profundos sobre el futuro de Brasil. ¿Cómo afectará esta reconfiguración religiosa a los valores sociales del país? ¿Qué papel jugarán las iglesias en las próximas elecciones? Y, sobre todo, ¿cómo convivirán estas distintas visiones del mundo en una de las democracias más grandes de América Latina?
Lo que parece claro es que Brasil ya no es el país católico de antes. La pluralidad religiosa es hoy un rasgo central de su identidad.