Publicado el 10/09/2025 por Administrador
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La isla volvió a quedar completamente a oscuras. Un nuevo colapso del Sistema Eléctrico Nacional dejó sin servicio a más de nueve millones de personas, en lo que constituye el cuarto apagón total en menos de un año. El corte se produjo a media mañana y afectó simultáneamente a todas las provincias, confirmando la fragilidad extrema de la red eléctrica cubana.
El Ministerio de Energía y Minas reconoció que la falla estuvo vinculada a una “desconexión total del sistema”, posiblemente originada en la central termoeléctrica Antonio Guiteras, en Matanzas, la más importante del país. No es la primera vez que esta planta, con más de tres décadas de explotación y un mantenimiento insuficiente, queda en el centro de la tormenta.
La crisis energética cubana responde a múltiples factores. La infraestructura obsoleta, la falta de piezas de repuesto y la escasez de combustible han convertido las termoeléctricas en un sistema inestable y vulnerable. A esto se suman las dificultades financieras para importar crudo y los efectos de las sanciones internacionales, que limitan aún más el margen de maniobra del gobierno.
Cada apagón genera un impacto inmediato en la vida cotidiana. Los hogares pierden la refrigeración de alimentos, hospitales deben depender de plantas de emergencia y el acceso al agua potable se interrumpe en numerosas ciudades al detenerse los sistemas de bombeo. Las escuelas y los centros de trabajo también se ven obligados a suspender actividades, lo que paraliza buena parte de la vida económica y social.
El descontento ciudadano es cada vez más evidente. Aunque las manifestaciones son reprimidas con severidad, las redes sociales reflejan la frustración de miles de cubanos que denuncian una situación insostenible. El apagón, además de oscurecer calles y viviendas, ilumina la falta de soluciones de fondo para una crisis que se repite con frecuencia alarmante.
El gobierno insiste en que se están desarrollando proyectos de energías renovables, especialmente solares, como alternativa a la dependencia del petróleo importado. Sin embargo, los avances son lentos y aún marginales frente a la magnitud del problema. Expertos calculan que se necesitarían inversiones multimillonarias para modernizar el sistema y recuperar cierta estabilidad.
Con este nuevo apagón, Cuba entra en un círculo cada vez más crítico: un sistema eléctrico que colapsa periódicamente, un país paralizado por horas y un malestar social que se acumula. La oscuridad se ha convertido en un símbolo de la precariedad y de la incapacidad de las autoridades para ofrecer una salida inmediata.